Por: Cuando se dieron los hechos de La Vega y San Cristóbal, en la que entre ambos sucesos hubo casi 40 muertes. En esos instantes todo mundo pensó y se recordó de los bomberos y que tanto podrían ellos hacer para uno y el otro caso.
Fueron días de calamidad, preocupación nacional, y qué decir de sus familiares. Se dieron momentos de incertidumbre y de angustia por los desaparecidos en manos hechos.
Ahora bien, una vez terminada toda la labor de ambos sucesos. Todas las entrevistas para los más sobresalientes no se hicieron esperar. Y hubo quienes hasta viviendas sugirieron para algunos de ellos. Hasta algunos congresistas que llegaron a proponer legislar a favor de bomberas y bomberos.
Sin embargo, todo volvió a la normalidad. Porque las promesas se quedaron en palabras hechas en muchísimas oportunidades. Y esto ha sucedido con la mayoría de los cuerpos de emergencia que se han quedado esperando la misma solidaria con la que ellos se entregan por todos nosotros.
Sin embargo, la realidad de bomberas y bomberos en el país sigue un patrón. No hay interés real de mejorar su condición. Siguen siendo la cenicienta de los que arriesgan sus vidas en detrimento de su propia seguridad y el de sus familiares. Solo nos recordamos de ellas y ellos, cuando tenemos alguna eventualidad.
Otro común denominador, es la indiferencia y la falta de voluntad que se ha tenido para mejorar las condiciones de quienes ejercen una labor que en otros países, es súper reconocida y el respeto le llega por el nivel de dignidad con el que son tratados por la sociedad que los acoge.
Aquí seguimos pretendiendo que esas mujeres y hombres, sigan arriesgando sus vidas sin tener los recursos materiales adecuados y avanzados. Se pretende que con un sueldo de miseria se haga un esfuerzo encomiable y motivado.
En el caso de Santiago, el panorama no es más halagador, a pesar de la cantidad de habitantes que maneja y la cantidad de mega construcciones basado en grandes torres y plazas de las cuales disfruta la ciudad.
De los que tienen la posibilidad de cambiar esta realidad desde el gobierno central, municipal y el congreso, debe dejar de esperar que el trabajo y oficio de bombero siga siendo desmeritado y desvalorizado, no por quienes lo llevan a cabo, sino quienes desde el ámbito político, siguen escondiendo y atajando su obligación para mejorar lo que hoy lastimosamente tenemos.
Queremos seguir pensando que tenemos un cuerpo de bomberos en cada Municipio que se les brinde el valor que merecen; que podemos exigirles como si con ellos se cumpliera en todos los órdenes importantes de pensión; salario; seguridad; motivación y dignidad.
A pesar de las desgracias que se han dado en los últimos eventos, podemos decir que seguimos siendo protegidos por la divinidad, porque pudieran ser peor, por la cantidad de calamidades que deben atravesar los bomberos para cumplir con una obligación y exigencia como si desde el Estado se estuviera cumpliendo de forma seria y considerada con ellos.
Que Dios no lo quiera, pero volveremos a recordarlos, con alguna otra situación grave que se atraviesa, y volveremos a recordarnos de los bomberos y sus condiciones. La exigencia que a veces se les hace, no se corresponde con lo mejoría que reciben.